- LA GUERRA Y LA PAZ
Sucede algo curioso con la semántica de las palabras "guerra" y "paz". La comprensión plena de su sentido depende de cuánto sepamos de la realidad contrapuesta. Así define estos términos el diccionario de la Real Academia Española: Guerra: "Desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias". Paz: "Situación y relación mutua de quienes no están en guerra". La misma interdependencia y alternancia aparece en obras de referencia específica, como el Diccionario Militar (1869) en que el General español José Almirante postula que si coincidimos con Hobbes y Proudhon en que "la guerra es el estado fundamental del género humano", o con el filósofo español Villamartín quien afirma que "no es un hecho social, sino natural, una condicion fisiológica del hombre", llegamos a la conclusión de que la paz es "un simple armisticio". Con respecto a la paz, el General José Almirante expresa que "este término no debería figurar en un libro exclusivo de guerra; pero ya que la guerra tiene por objeto la paz, podemos decir que ésta es el último acto de aquélla...". A la vista de estos conceptos, desaparece cualquier objeción a la aparente paradoja de que existan "soldados para la paz": obligadamente, los soldados son imprescindibles para preservarla. Como lo ha demostrado la historia, aunque parezca imposible detener las guerras, el ser humano puede intentar atenuar sus peores consecuencias, siguiendo los principios básicos de las culturas más diversas.
La preocupación argentina por la resolución pacífica de los conflictos ha quedado de manifiesto en su participación para resolver varias disputas, antes de que las actuales organizaciones internacionales se crearan a ese efecto. A mediados del siglo XIX, el Presidente de la Confederación Argentina, General Justo José de Urquiza, ofreció su mediación en el conflicto suscitado entre los Estados Unidos de Norteamérica y el Paraguay. Su acción recibió una aprobación unánime. A este respecto, el gran pensador argentino Juan Bautista Alberdi escribió: "La influencia de su triunfo diplomático ha sido recibida favorablemente en la opinión de los gobiernos europeos, pero en ningún sitio tan brillantemente como en los Estados Unidos, donde los principales periódicos declararon que la conducta de su Excelencia en Washington ha sido muy meritoria". En 1902, durante la triple intervención foránea en Venezuela, el Ministro argentino de Relaciones Exteriores, Doctor Luis María Drago, presentó una moción sosteniendo la opinión de que "la deuda pública no puede dar lugar a una intervención armada, y menos aún a la ocupación material del suelo de las naciones americanas por una potencia europea". Así logró un lugar destacado entre los juristas internacionales de todo el mundo. En honor a su trabajo por la resolución pacífica de los conflictos, en 1912, la Universidad de Columbia distinguió al Dr. Drago con un doctorado honorario en Derecho, y el Premio Carnegie por la Paz internacional lo reconoció como el más alto representante de la cultura intelectual en Sudamérica. Otro Ministro de Relaciones Exteriores argentino, el doctor Carlos Saavedra Lamas, obtuvo el premio Nobel por su intervención para resolver la Guerra del Chaco, y por sus esfuerzos internacionales en la causa de la paz. El Ejército Argentino participó directamente en la resolución de estos conflictos: - Guerra del Chaco Boreal (BoliviaParaguay, 19281935).
La Argentina está orgullosa de este historial,
ya que reafirma una tradición de compromiso pleno en el mejoramiento
de la coexistencia entre los países del mundo.
La liga de las Naciones Durante la Primera Guerra Mundial, el Presidente norteamericano Woodrow Wilson proclamó la necesidad de crear "...una fuerza (internacional) tan fuerte como la de cualquier nación beligerante, o la de cualquier alianza que pudiera planearse o concretarse en el futuro, y que no existan países o probable grupo de países que no le esté sujeta". Esta organización fue creada en 1920 como un anexo al Tratado de Versalles, y fue llamada Liga de las Naciones. Su prioridad era asegurar el cumplimiento de los tratados, establecer límites fronterizos de acuerdo con éstos, y permitir la limitación de armamentos, con el propósito de resolver pacíficamente las disputas internacionales. El prestigio de la Liga se debilitó cuando no pudo resolver los conflictos que surgieron entre China y Japón, Paraguay y Bolivia, Etiopía y Albania contra Italia, Austria y Checoslovaquia contra Alemania, y otros. Se produjeron, además, otros hechos que afectaron al mundo entre 1936 y 1939, los que dieron origen a la Segunda Guerra Mundial.
Durante la Segunda Guerra Mundial, hubo varias propuestas para crear una nueva organización mundial que reemplazara a la Liga de las Naciones. En Yalta, los Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética convocaron una "Conferencia de las Naciones Unidas" a realizarse en San Francisco (EE.UU.) el 25 de abril de 1945, con el objeto de "mantener la paz y la seguridad". La Conferencia de San Francisco aprobó la Carta de las Naciones Unidas. Ésta se proponía ser una constitución universal, basada en principios compartidos, que evitaran una tercera guerra mundial. La Carta fue firmada por 51 países, que se convirtieron en los miembros fundadores de las Naciones Unidas. Entre éstos figuraba la Argentina. Los propósitos esenciales de la nueva Organización eran: Mantener la paz y la seguridad internacional, y con este fin desarrollar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar las amenazas a la paz, y suprimir los actos de agresión y otras perturbaciones a la paz. Lograr, mediante medios pacíficos, en consonancia con los principios de la justicia y de la ley internacional, soluciones o acuerdos sobre controversias internacionales o situaciones que pudieran llevar a la ruptura de la paz. Propiciar las relaciones amistosas entre las naciones, basadas en los principios de paridad de derechos, y de libre determinación de los pueblos, y tomar las medidas adecuadas para fortalecer la paz universal.
El 29 de noviembre de 1988, se otorgó el Premio Nobel de la Paz al personal de las Naciones Unidas en todo el mundo. El premio fue concedido a las tropas que participaban en las operaciones de mantenimiento de la paz. El Comité noruego dijo al respecto: "Se han ofrecido como voluntarios a este servicio, sabiendo que habría riesgos... Han aceptado el destino de pagar el precio más alto que un ser humano puede pagar". El 29 de noviembre, 10.000 soldados escucharon la noticia en sus puestos de avanzada en Afganistán, Irán e Iraq, Chipre, sur del Líbano, Sinaí, Jerusalén, alturas del Golán, y en la frontera entre la India y Pakistán. Como lo subrayó el Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuellar: "...la búsqueda de la paz, es un imperativo universal que afecta a todas las naciones y pueblos del mundo". El Comité del Nobel declaró que había concedido el premio a las Fuerzas de Mantenimiento de la Paz, porque "...representan la voluntad manifiesta de la comunidad de naciones de alcanzar la paz por medio de las negociaciones y esas fuerzas, con su presencia, han hecho una contribución decisiva a la iniciación de las negociaciones efectivas de paz". De este modo, los soldados argentinos, entre otros, recibieron el Premio Nobel.
El fin de la guerra fría ha traído aparejado el resurgimiento de muchas diferencias y rivalidades étnicas, políticas y religiosas de larga data que subyacían bajo la superficie y que ahora están saliendo a la luz. Estos conflictos nuevos se traducen en una mayor demanda por la intervención internacional en casos tales como emergencias humanitarias, masacres étnicas y violaciones a los derechos humanos. Este período de la post guerra fría ha sido, en consecuencia, testigo de un incremento sustancial en el número, complejidad y alcance de las misiones de mantenimiento de la paz bajo los auspicios de la ONU. Prueba de ello es que en la última década se iniciaron más operaciones de paz que durante los cuarenta años anteriores. Estas no sólo se limitan como en el pasado a la separación militar de las fuerzas en oposición, sino que además incluyen tareas tan variadas como: descubrir los hechos de un conflicto, la vigilancia de fronteras o zonas desmilitarizadas tras la firma de un armisticio, la verificación del retiro de fuerzas, la supervisión del desarme y desmovilización de facciones, la organización y el mantenimiento de las condiciones de seguridad esenciales para la realización de elecciones, la asistencia humanitaria, el retorno de refugiados, e incluso, la administración temporaria de países. Las fuerzas de mantenimiento de la paz pueden estar armadas, pero solamente para la autodefensa. Sin embargo, la definición de qué es autodefensa puede variar según la misión. Normalmente, las fuerzas de mantenimiento de la paz son sobrepasadas en número y en poder de fuego por las tropas a las que deben supervisar. Por lo tanto, cualquier recurso a la fuerza debe estar orientado a circunscribir y atenuar, antes que a provocar una escalada de la violencia. En suma, el mantenimiento de la paz es un recurso para crear confianza, proveyendo los medios para que las naciones o facciones que están cansadas de la guerra, pero que se recelan mutuamente, vivan en una paz relativa y con cierto respeto mutuo, hasta que se alcance una solución política.
En este contexto, desde 1992 nuestro país se encuentra desempeñando un rol muy activo en este tipo de misiones, contribuyendo significativamente al logro de la paz y estabilidad mundiales. El Ejército Argentino ha estado tomando parte de las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU, asesorando en la sede central de Nueva York y en las zonas de las misiones, y proveyendo miembros de comando y estados mayores, observadores militares y tropas. El Departamento de Asesoramiento Militar de la Secretaría General ofrece asesoramiento al Secretario General, sobre temas referidos a las operaciones de mantenimiento de la paz. El Asesor Militar del Secretario General es un oficial con el grado de General, quien es asistido por oficiales con el rango de Teniente Coronel. El Ejército Argentino ha asignado asesores militares al Departamento Militar de las Naciones Unidas, desde 1990. Además, debido a su mayor participación en las operaciones de mantenimiento de la paz en todo el mundo, el Ejército Argentino ha asignado, desde 1993, un Teniente Coronel como asesor militar a la Misión Permanente Argentina en la ONU. Los primeros observadores militares argentinos fueron asignados al Grupo de Observación de las Naciones Unidas en el Líbano (UNOGIL) en 1958. Desde entonces, y hasta la fecha, la Argentina ha participado en varias misiones. Los observadores militares patrullan las fronteras y las zonas desmilitarizadas, e informan sobre las eventuales violaciones a los acuerdos entre las partes. Desde 1991, la Argentina ha contribuido con miembros de comando y estados mayores, y con despliegue de tropas en el terreno. Además de las tareas ya mencionadas, las tropas han tenido un protagonismo vital, al proveer ayuda humanitaria a los que sufren las consecuencias de la guerra.
La iniciativa para la creación de esta organización, fue formulada por nuestro país en 1993, logrando rápidamente la aceptación mundial. La misma está constituida por equipos de personal voluntario especializado en diversas áreas, organizada por los distintos países de la comunidad internacional, con el objetivo de prestar asistencia humanitaria a los pueblos que sufren emergencias extremas. En diciembre de 1994 fue avalada por la «Cumbre de las Américas» en Miami, la que congregó a los 34 presidentes americanos. Los mandatarios comprometieron el apoyo y la participación de sus países e instruyeron a las organizaciones regionales (OEA, BID, OPS), para que respaldaran técnica, política y financieramente dicha iniciativa. En diciembre de 1994 la Asamblea General dictó, por unanimidad, la Resolución 49/139 B, alentando las medidas voluntarias nacionales y regionales dirigidas a poner a disposición del sistema de las Naciones Unidas las capacidades de reserva de recursos técnicos y humanos especializados para el socorro de emergencias y rehabilitación. De tal manera, la Asamblea General de la ONU, en su quincuagésimo período de sesiones, brindó el espaldarazo definitivo a la iniciativa argentina. Encomia así sus esfuerzos para mejorar la capacidad a fin de reaccionar rápida y coordinadamente ante los desastres naturales y ante otras situaciones de emergencia, al tiempo que preserva el carácter apolítico, neutral e imparcial de la acción humanitaria.
En algunas oportunidades, la Organización Cascos Blancos se encuentra capacitada para apoyar operaciones previas, como Misiones de Paz llevadas a cabo por los Cascos Azules, y en otras oportunidades, constituir misiones propias de la misma Organización. Las Operaciones Militares de Paz, o Cascos Azules, están constituidos por personal militar perteneciente a las Fuerzas Armadas de los Estados que intervienen en ellas, ya sea con el objeto de mantener, o incluso, imponer la paz en lugares en los que se esté desarrollando un conflicto. A su vez, los Cascos Blancos están constituidos por personal civil voluntariamente incorporado a la Organización, que conforma grupos asistenciales de emergencia, los cuales no se integran a una dependencia permanente, sino que se ponen a disposición para el eventual llamado que determine una emergencia. Los Cascos Blancos convocan a profesionales, técnicos o expertos en las muy variadas especialidades que pueden reclamar los dramas humanos: médicos sanitaristas, urbanistas, personal logístico, instructores y supervisores militares para operaciones de distinto tipo, particularmente el desminado, ingenieros para tareas de reconstrucción, abogados especializados en derecho internacional, etc. Unos y otros quedan entonces nítidamente diferenciados, no sólo por sus distintos objetivos, sino también por su conformación y su financiamiento. Resulta no obstante, decisiva, la potencial coordinación de las actividades de los Cascos Azules con las operaciones de los Cascos Blancos. De tal forma, podrán confluir en su acción, imponiendo la necesidad de procedimientos de respaldo recíproco en la órbita de la seguridad de los voluntarios y en el ámbito de las labores humanitarias que son siempre requeridas en los episodios bélicos o violentos. Su punto de contacto fundamental, fuera de la similitud de sus nombres, está en su coordinación por las Naciones Unidas y en que la bandera de esta Organización Mundial, en ambos casos, ampara su despliegue.
Aclarados los objetivos perseguidos por la Organización, puede afirmarse que está dirigida a atender, entre otros, los efectos de las sequías, los terremotos, las epidemias u otras desgracias y, especialmente, las causadas por el desarrollo de guerras civiles, las cuales, invariablemente, afectan a la población civil. Este aspecto preocupa profundamente a la comunidad de naciones y a sus organizaciones, por la irresponsabilidad con que se manifiestan estos conflictos. Tal vez, dentro de este enfoque, la problemática más evidente, consiste en el empleo indiscriminado de las minas terrestres. Estas, hoy en día, constituyen uno de los mayores flagelos de la humanidad. Se calcula que 110 millones de estos artefactos de los más diversos tipos, están sembrados y activados, sobre la superficie del planeta. No sólo mutilan y matan, sino que constituyen una valla difusa e invisible que inhibe la reinserción social y la actividad económica de los pueblos, después de que los conflictos han terminado. En la intervención de la Organización para colaborar en la solución de esta trágica consecuencia de las guerras, se integró a personal militar voluntario especializado en el manipuleo y desactivación de minas para que brinden orientación, asesoramiento, entrenamiento de voluntarios y eventualmente participan en la ejecución de las tareas.
Durante el año 1997, el Ejército Argentino recibió una solicitud de la Organización Cascos Blancos, para que personal del Arma de Ingenieros, con amplia experiencia en el manejo de explosivos, participara en Angola, en forma voluntaria, en los programas de desminado. En respuesta a este requerimiento, el Capitán de Ingenieros Leandro Luis Villegas, recibió la orden de brindar asesoramiento a la Organización Cascos Blancos en materia de desminado. Dicho oficial realizó previamente reconocimientos ejecutivos de los campos minados ubicados en Angola, bajo las directivas del Proyecto Global de Desminado de las Naciones Unidas y en los campos minados ubicados en Nicaragua, bajo los auspicios de la OEA y la Junta Interamericana de Defensa. Efectuados los reconocimientos, los informes producidos, motivaron que otro oficial con experiencia similar, el Teniente Primero de Ingenieros Carlos Oscar García, recibiera la orden del Estado Mayor General del Ejército, de pasar a revistar en comisión, en la Organización de Cascos Blancos. Este oficial, en 1993, había sido designado por el Estado Mayor Conjunto para participar en los programas de desminado en Nicaragua. Para ello y en forma previa, desarrolló dos cursos en Fort Benning (EE.UU.), lugar de asiento de la Escuela de las Américas. En ellos se capacitó como Instructor y Especialista en Contraminado. Posteriormente, finalizados los cursos, operó en Nicaragua durante nueve meses, en funciones de supervisión de desminado, bajo directivas de la Junta Interamericana de Defensa. A mediados de julio de 1997, ya en funciones en su nueva comisión de la Organización de Cascos Blancos, el Teniente Primero García trabajó formulando los perfiles necesarios para el personal de voluntarios que integrarían los proyectos de desminado y participó en la preparación, organización y orientación de oficiales y suboficiales voluntarios para integrar equipos de supervisión de desminado en Angola. En función de ello, debió viajar en reiteradas ocasiones a Luanda, capital de dicho país, presentando al personal argentino ante los integrantes del Proyecto Global de Desminado, y sirviendo posteriormente de enlace entre ellos, el EMGE, la Organización de Cascos Blancos y MONUA, la que ya estaba operando en Angola bajo el auspicio de las Naciones Unidas. Hasta el presente, además de numeroso personal de Infantería de Marina de nuestra Armada, ha prestado inestimables servicios voluntarios en Angola, el siguiente personal de oficiales del Arma de Ingenieros: Mayor Luis Alberto Silva (desde julio de 1997 a abril de 1998), el Capitán Carlos Horacio Candotti (hasta junio de 1998), el Capitán Carlos Alberto Olivelli (desde noviembre de 1997 a junio de 1998) y el Teniente Primero Carlos Oscar García, quien revisto en la sede de la organización y en comisiones administrativas en Luanda, desde junio de 1997 a setiembre de 1998.
La organización de Estados Americanos (OEA)
Las bases de la organización panamericana y los recursos para preservar la paz están tomados del pensamiento y acción de los libertadores San Martín y Bolívar, en su esfuerzo por lograr la unidad de América frente a la amenaza de la Europa monárquica. En el Tratado Perú Colombia, del 6 de julio de 1822, los plenipotenciarios de los libertadores firmaron "un pacto de unión, liga y confederación perpetua". La Novena Conferencia Internacional Americana se realizó en Bogotá, Colombia, desde el 30 de marzo al 2 de mayo de 1948. Entre otros tratados internacionales, se elaboró la Carta de la Organización de Estados Americanos (Carta de Bogotá). Para preservar los principios sobre los que se basa y cumplir sus obligaciones regionales de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, la Organización de los Estados Americanos establece estos propósitos fundamentales: - Reforzar la paz y la seguridad continentales. Como hemos mencionado, la Argentina ha realizado esfuerzos constantes para mantener la paz entre los estados americanos, mediante negociaciones diplomáticas para lograr soluciones pacíficas y conciliadoras. Bajo los auspicios de la OEA, el Ejército Argentino ha participado en: - Conflicto entre Honduras y El Salvador (1969-1980).
Como nación garante del Protocolo de Río de Janeiro, firmado en 1942, la Argentina ha enviado personal militar del Ejército Argentino que se encuentra participando en el proceso de paz entre Ecuador y Perú (1995).
Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto Para Operaciones
de Paz
Los nuevos desafíos planteados por el mundo de la postguerra fría al mantenimiento de la paz y la seguridad, han llevado a todas las naciones del globo y a las organizaciones internacionales, a redimensionar y a redefinir los conceptos tradicionales de seguridad y defensa. Nuestro país tomó la iniciativa de establecer un organismo que estuviera en condiciones de preparar adecuadamente al personal militar que marchaba a cumplir con las diversas misiones emanadas de mandatos de la ONU. Si bien este personal recibía instrucción específica en las formas y los lugares adecuados a fin de prepararlo para las diversas misiones y responsabilidades a cumplir, el mayor compromiso asumido por nuestro país, particularmente a partir de 1993, llevó a pensar en la necesidad de crear un ente que en forma orgánica, conjunta, centralizada y permanente, asegurara la preparación, para un excelente cumplimiento de las distintas misiones que se emprendieran. Con ese objeto, por resolución del Ministerio de Defensa Nro 669/95, con fecha 27 de junio de 1995, se creó el Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto para Operaciones de Paz (CAECOPAZ), el que se ha convertido en una herramienta específica en la preparación de contingentes argentinos o de cualquier país que en cumplimiento de misiones de la ONU lo solicite. Este organismo es uno de los pocos en su tipo que funcionan en el mundo y único en la región. Sus planes curriculares siguen la orientación de entrenamiento para el desarrollo de operaciones de Paz que fija la ONU, y todos sus instructores son elegidos entre aquellos de las tres FF.AA. que poseen la mayor experiencia en el desarrollo de Operaciones Militares de Paz e incluye en su cuerpo de instructores, personal de otros países miembros de la ONU. Los cursos se dictan en castellano y se cuenta con un equipo móvil de asistencia al entrenamiento, en condiciones de desarrollar sus funciones en inglés y puede concurrir a brindar capacitación a cualquier país que requiera ese apoyo. Las actividades de CAECOPAZ son supervisadas por un Consejo Académico, el cual determina las políticas de funcionamiento académico del Centro. Su presidente es el Jefe de Operaciones del Estado Mayor Conjunto de las FF.AA. Así concebido y supervisado, el CAECOPAZ tiene la misión de capacitar al personal cursante para desempeñarse correctamente en los cargos y funciones en que deberá actuar como integrante de Organizaciones Militares de Paz, para satisfacer así requerimientos emergentes de los compromisos internacionales suscriptos por la Nación Argentina.
Esta actividad, objeto y fin del Centro, se lleva a cabo teniendo en cuenta que nuestras tropas deben estar preparadas para hablar fluidamente el idioma oficial de la misión (inglés, en la mayoría de los casos) y que su capacitación debe orientarse para operar según los procedimientos operativos y administrativos de la ONU, los cuales difieren de los empleados en nuestras FF.AA. Si bien quienes se incorporan a los cursos, se encuentran preparados para alcanzar los objetivos militares mediante el combate en virtud de su formación, en el Centro se los entrena para que satisfagan los objetivos del perfil del soldado de las Naciones Unidas. En la tarea de desarrollar nuevas habilidades en los cursantes, resulta de capital importancia la asistencia que, en forma permanente, éstos obtienen del gabinete psicológico con que cuenta el Centro. Dicho gabinete asiste al cursante a lo largo del desarrollo de los cursos que lleve a cabo, a fin de proporcionarle toda la apoyatura necesaria para que parta en óptimas condiciones de rendimiento psíquico e intelectual. Los cursos que se imparten son de entrenamiento individual o colectivo. Esto depende del tipo de misiones en las que se participará. En la actualidad, se dictan los siguientes cursos:
En cuanto a los contenidos del entrenamiento que recibe el personal, deben consignarse los siguientes:
- Política, religiosa, cultural, militar, económica,
social y étnica del área de la misión a la que será
destinado el personal.
- Técnicas de negociación.
- Para observadores militares. Técnicas de patrulla, observación y verificación. - Para policía militar. Procedimientos de investigaciones. - Para todos los niveles de comando. Uso de la fuerza. - Para Corresponsales de Organizaciones Militares de Paz. Procedimientos específicos.
El eficiente desempeño de nuestros observadores militares y de los contingentes argentinos que han sido destacados a cumplir Misiones de Paz por mandato de la ONU, demuestra la importancia que les ha dado nuestro país, y su vocación de insertarse vigorosamente en los actuales conceptos políticomilitares con los que se desenvuelve el concierto de las naciones. También puede hablarse en el marco de las FF.AA., y en particular, del Ejército de un «antes y un después» del CAECOPAZ. Si bien nuestro país ha estado participando de Misiones de Paz desde la década del '40, es recién en los últimos años y en el marco de las circunstancias particulares del momento actual, que nuestras misiones y observadores han trascendido notablemente a los ojos del mundo. Su mayor protagonismo y las continuas muestras de abnegación, profesionalismo y adecuación a las diversas situaciones imperantes, han atraído la atención de países como Bélgica, Bolivia, Brasil, Canadá, Dinamarca, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Gran Bretaña, Guatemala, Perú, Paraguay, Uruguay y Venezuela, que han enviado personal de sus FFAA. a instruirse en el CAECOPAZ. Algunos de estos países, como Bolivia, El Salvador y Guatemala, han enviado oficiales a desempeñarse en la Compañía de Ingenieros que nuestro Ejército mantiene destacada en Kuwait. Uno de ellos, perteneciente al Ejército Boliviano, se desempeña actualmente como Instructor en el CAECOPAZ. En 1999 se incorporarán un oficial de Chile y otro del Brasil.
Antecedentes El concepto de mantenimiento de la paz fue el único instrumento disponible de la comunidad de naciones, para resolver conflictos y establecer acuerdos tendientes a lograr la paz internacional. La finalización de la guerra fría ha incrementado los enfrentamientos de todo tipo, requiriendo de la ONU, una pronta respuesta para la solución de los conflictos. En algunas ocasiones, mientras la organización se encontraba preparando los elementos necesarios de una misión para su despliegue inicial, el conflicto se agudizaba, desembocando en situaciones aun más graves que las iniciales. También el concepto de autodefensa había sido mal interpretado; existen ejemplos de posiciones de la ONU en el terreno, que han sido atacadas por distintos medios por el término de horas y a veces hasta por días, sin ningún tipo de respuesta por parte de dichas tropas. Estos y otros factores provocaron que el mundo mirara a las Fuerzas de Paz de las Naciones Unidas, considerándolas un sistema inadecuado para contener un conflicto determinado, y desprovisto, muchas veces, de las respuestas que las circunstancias requerían. Teniendo en cuenta esta situación, el 20 de noviembre de 1992, el Secretario General Adjunto para las Operaciones de Mantenimiento de la Paz (OMP) de la Organización de las Naciones Unidas, Marrack Goulding, convocó a los representantes permanentes de la Argentina, Canadá, Dinamarca, Francia, Ghana, Pakistán y Polonia, para comunicarles que dada la experiencia reciente, quedaba demostrada la necesidad de un despliegue más rápido de las OMP. Por lo tanto, veía como necesario que los países contribuyentes ofrecieran tropas en plazos breves. Para poder concretar esta idea, el Secretario General de las Naciones Unidas había decidido establecer un Grupo de Planificación Militar en el seno del Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, bajo la supervisión del asesor militar, a fin de estudiar y poner en práctica un sistema denominado «Building Blocks», que consistiría en identificar distintos tipos de unidades, subunidades, elementos y servicios, que respondieran a diferentes escenarios de operaciones, a fin de que los países miembros pudiesen prever su compromiso y suministrarlos en un breve plazo. Sobre esa base, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina, autorizó la concurrencia a Naciones Unidas, del Teniente Coronel Alberto Guillermo Nieto, del Ejército Argentino, quien contaba con experiencia previa en misiones de paz, para formar parte del Grupo de Planificación Militar.
Dicho mandato consistía en desarrollar un sistema de elementos en StandBy o en Apresto Rápido, que ofreciera la capacidad de desplegar a sus elementos e integrantes como un todo o en partes. Ello se haría a partir de comienzos de 1994, en cualquier parte del mundo, ante el requerimiento del Secretario General, para cumplir las tareas de la ONU, con una respuesta de tiempo acordada.
A partir del 1° de febrero de 1993, el Teniente Coronel Nieto comenzó a trabajar en el proyecto. Sus compañeros del equipo de planeamiento fueron: Gérard Gambiez, Coronel de Ingenieros del
Ejército de Francia, jefe del equipo. En la primera etapa, se reunió la información brindada por los diferentes departamentos de la organización (Personal, Operaciones, Logística, Transporte, diversas agencias de la ONU, etc.). Posteriormente, se realizaron visitas a misiones de paz, que presentaban distintos perfiles según se encontraran bajo el capítulo VI o el VII. Ello les permitió recibir distintas orientaciones por parte de las autoridades civiles y militares de la ONU. También recorrieron los diferentes sectores de cada misión, tomando contacto con el personal, para observar sus problemas y escuchar sus proposiciones. Sobre la base de estos antecedentes, a mediados de marzo de 1993 comenzaron a elaborar el proyecto de «Stand by Forces», el cual quedó parcialmente finalizado a mediados del mes de abril. A continuación, el proyecto se expuso ante los representantes permanentes de los países miembros de la ONU, contándose con la concurrencia de 123 países. La segunda etapa consistió en comenzar a negociar el proyecto con los miembros más importantes de la ONU, para lo cual el equipo de trabajo se dividió en tres grupos: 1. Representantes de Argentina y Canadá: responsables
de América, Oceanía y del sudeste de Asia. El primer paso llevado a cabo en las negociaciones, consistió en tomar contacto con la misión permanente del país miembro. Ella se realizó en la ciudad de Nueva York, y sobre la base de los resultados que surgían de las conversaciones, se invitaba al grupo de trabajo a concurrir a su país, a exponer en detalle el proyecto ante las autoridades con poder de decisión. Los resultados concretos se transformarían en los llamados Stand by Agreements (Acuerdos de Fuerzas en Apresto). A lo largo de 1993 y 1994, el equipo concurrió a negociar con 51 países. El equipo de trabajo avanzó en el perfeccionamiento del proyecto, e inclusive se logró la colaboración del Departamento de Entrenamiento de la ONU, para confeccionar la doctrina faltante en lo relativo a procedimientos comunes de empleo del personal en las operaciones de mantenimiento de la paz. Se confeccionaron y publicaron nuevos manuales, videos sobre entrenamiento de personal, y durante 1994, se desarrollaron seminarios sobre entrenamiento en países que fueron tomados como centros regionales. Estos fueron Argentina, Ghana, Australia y Austria. Después del primer año (1993), se retiraron los representantes de Francia, Dinamarca, Pakistán y Ghana, y permanecieron la República Argentina, Polonia y Canadá. Esta decisión se tomó debido a que el proyecto se encontraba en pleno funcionamiento, y se debía continuar con la incorporación de países miembros, tarea que no requería del trabajo de todo el grupo.
El proyecto comenzó denominándose Standby Forces (Fuerzas en Apresto). Pero luego de negociar con varios países, y sobre la base de la experiencia recogida, la comisión presentó la propuesta de cambiar dicho nombre por el de Stand By Arrangements (Acuerdos en Apresto). Esto se debió a que muchos países miembros, interpretaban este proyecto como la formación de una «Organización Militar de Reserva de la ONU», cuando en realidad, se trataba de conseguir personal civil, militar, policial, equipos, servicios y financiamientos en apresto, con un acuerdo o compromiso previo, firmado por parte de los países miembros. La proposición fue aceptada por el jefe del Departamento de Operaciones para el Mantenimiento de la Paz, y así pasó a denominarse dicho proyecto a partir de 1994. El sistema de elementos en «Standby», se basa en establecer acuerdos con los países miembros, a los efectos de proveer elementos, equipos, recursos financieros o servicios, con un tiempo de alistamiento / respuesta aceptable (lo ideal, entre 7 y 14 días). Los países que no puedan proveer las organizaciones completas, establecidas en las guías respectivas, podrán hacerlo en forma parcial, de acuerdo a sus propias posibilidades. Los recursos serán usados exclusivamente para Operaciones de Mantenimiento de la Paz, según el mandato del Consejo de Seguridad (Capítulo VI). El sistema consiste en el logro de preacuerdos, negociados entre la Organización de las Naciones Unidas y el país miembro que se trate. Los recursos acordados serán mantenidos en apresto (StandBy) en los respectivos países, en donde sus integrantes recibirán el entrenamiento necesario, para poder cumplir con las misiones y funciones determinadas. Cuando fuere necesario, ellos serán requeridos al país en cuestión, por el Secretario General, y si fuera aprobado el pedido por el país miembro, serán rápidamente desplegados. La pronta y efectiva respuesta a los requerimientos de las misiones, será tenida en cuenta, de acuerdo con lo siguiente: 1. El tiempo de respuesta para personas individuales,
unidades y elementos designados para la fase de despliegue inicial, deberá
ser aproximadamente de siete días. De acuerdo con la experiencia recogida, los elementos Standby, cumplirán misiones de diverso tipo, comprometiendo en su organización, componentes tanto militares como civiles. Estas formaciones fueron desarrolladas, de manera tal de asegurar que todos los países miembros participasen teniendo en consideración sus dimensiones, capacidades o situación. Luego, las estructuras serían trasladadas a bloques de varios tamaños y configuraciones. Estas organizaciones podrán ser ajustadas y adaptadas, de manera tal, que respondan de la mejor forma a los requerimientos (para cumplir con el mandato establecido). Está previsto que tanto las unidades como el personal se reemplacen, después de un tiempo limitado de servicio sobre el terreno (para que puedan regresar a su país de origen y seguir en reserva). El sistema de dispositivos de reserva puede ofrecer la capacidad de desplegar rápidamente los recursos necesarios para las operaciones de mantenimiento de la paz nuevas o excepcionalmente ya existentes cuando no se completen los efectivos necesarios.
En 1993, la Asamblea General de la ONU aprobó la creación del Departamento de Mantenimiento de la Paz, con la finalidad de dar una mejor respuesta a los nuevos desafíos que las operaciones de paz imponían, debido a las especiales características planteadas por el despliegue de UNPROFOR.
El DOMP es el responsable del planeamiento, conducción y administración de todas las operaciones de paz, ya sean éstas de apoyo a la diplomacia, al mantenimiento de la paz o a la imposición de la paz. A cargo del departamento, se encuentra un Subsecretario General, quien es responsable ante el Secretario General de la ONU, de implementar las resoluciones que el Consejo de Seguridad y la Asamblea General dicten para cada caso. Dentro de su orgánica, incluye un Asesor Militar, cuya función es asesorar a la Organización sobre asuntos de su órbita, y a la vez mantener enlace con los consejeros militares de los estados miembros sobre aspectos específicos. El DOMP está compuesto, básicamente, por la Oficina de Planeamiento y Apoyo (OPA), que se estructura en dos grandes divisiones: la División de Planeamiento y la División de Administración y Logística de Campaña (FALD). Esta última, a su vez, cuenta con el Servicio Logístico y de Comunicaciones, el Servicio de Apoyo y Administración de Personal, y el Servicio de Apoyo y Administración de Finanzas.
A nivel Cuartel General de la ONU, el elemento y dirección
del apoyo de Ingenieros a las operaciones de paz y otros programas bajo
el control del DOMP integrada por civiles y militares de diversas naciones,
se proporciona a través de la Sección Ingenieros, creada
en 1994. Dicha sección tiende a cubrir las crecientes necesidades
de estos profesionales en las operaciones de paz, y también a lograr
una estandarización del apoyo a dichas misiones.
El trabajo realizado le permitió adquirir experiencia en varias áreas de interés: Desde el punto de vista de la ejecución de las misiones subsidiarias del Ejército, pudo participar integralmente del planeamiento, reconocimientos previos y seguimiento del desarrollo de Operaciones Militares de Paz. Asimismo, en sus tareas específicas como integrante de la Sección de Ingenieros, pudo apreciar la complejidad de los aspectos a tener en cuentas para la puesta en marcha de proyectos especiales, como por ejemplo, la Brigada de Despliegue Rápido.
Compañia de Reconocimiento Ligera del Ejército Argentino
SHIRBRIG es una brigada multinacional de despliegue rápido, preestablecida, compuesta por las contribuciones al Sistema de Acuerdo de Fuerzas de Reserva de Naciones Unidas, para proveer a ésta de una fuerza de magnitud brigada en misiones donde una rápida respuesta sea importante, y donde otras fuerzas no puedan satisfacer los requerimientos de las Naciones Unidas. Durante 1997, la República Argentina aceptó el compromiso de participar en una Brigada Multinacional en Apresto, cuyo Cuartel General fue establecido en Copenhague (ya que Dinamarca llevó la iniciativa para este emprendimiento). Esta Brigada Multinacional de Despliegue Rápido de las Fuerzas de Reserva de Naciones Unidas, únicamente será empleada en cada caso, de manera de salvaguardar las consideraciones nacionales de soberanía, en operaciones de mantenimiento de paz con el mandato del Consejo de Seguridad, y bajo el Capítulo VI de la Carta de Naciones Unidas, incluyéndose tareas humanitarias.
Las características distintivas de las fracciones constitutivas de un elemento de rápido despliegue multinacional en espera (stand by), pueden ser resumidas de la siguientes manera: a) Se instruyen en el país de origen, hasta ser
empleadas en algún lugar del mundo. El proyecto SHIRBRIG contempla por ahora la participación de efectivos de los siguientes países europeos: Austria, Dinamarca, Holanda, Noruega, Polonia, y Suecia, y de dos naciones no europeas: Argentina y Canadá. También se cuenta con otros países que actúan como observadores. El elemento a ser aportado por el Ejército Argentino deberá reunir los estándares del resto de las fuerzas de la Brigada, como así también estar perfectamente entrenado, equipado y en condiciones de trabajar sin inconvenientes y con absoluta interoperatividad en esta organización multinacional combinada.
La Compañía de Reconocimiento Ligera que aporta la República Argentina deberá cumplir los siguientes requisitos: a) Estar en condiciones de operar, fundamentalmente en
Africa y Europa del Este, a partir del 1 ° de enero de 1999, y con
un lapso de preaviso que oscila entre los 15 y los 30 días. - Ejecutar despliegues y acciones preventivas. d) Cumplir con las siguientes misiones particulares: - Ejecutar reconocimientos. Está previsto organizar a la Compañía de Reconocimiento Ligera con una Sección Comando, una Sección Servicios, tres Secciones de Reconocimiento Ligeras y una Sección de Reconocimiento Pesada. La fuerza efectiva total ascendería a 215 hombres. Se ha designado al Escuadrón de Exploración de Caballería Blindada 1 como núcleo de la Subunidad de Mantenimiento de la Paz y para desempeñarse como Oficial de Estado Mayor en la División Logística del Elemento de Planeamiento, en Copenhague, fue designado el Teniente Coronel Gabriel Jorge Guerrero. |
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