- UNAVEM I - MISION DE VERIFICACIÓN DE
LAS NACIONES UNIDAS EN ANGOLA (1989 - 1991)
ANTECEDENTES DEL CONFLICTO
En pos de obtener su libertad, Angola entró en guerra contra Portugal en 1961. Una lucha violenta de guerrillas tuvo lugar durante 14 años. Organizaciones como el MPLA (Movimiento Popular para la Liberación de Angola), y la UNITA (Unión Nacional para la Independencia Total de Angola), lucharon por la independencia. Sudáfrica y los Estados Unidos proveyeron ayuda militar a UNITA, pero con la ayuda de tropas cubanas y armas de la Unión Soviética, las fuerzas del MPLA (FAPLA Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola), ganaron la guerra. Angola consiguió su independencia el 11 de Noviembre de 1975, pero el país se sumergió en una guerra civil cuando los dos grupos proclamaron dos repúblicas rivales. El MPLA logró el control del gobierno, y su líder, Agostinho Neto, se hizo cargo como primer presidente. Desde 1975, los angoleños y los cubanos lucharon contra los rebeldes de UNITA. En 1988 Sudáfrica acordó darle la independencia a Namibia, a cambio de una retirada, en fases, de las tropas cubanas en Angola. La retirada comenzó en enero de 1989. Debido a que el acuerdo no resolvió los problemas internos de Angola, la lucha entre el MAPLA y la UNITA continuó. Los intentos para poner fin a la guerra civil fracasaron, hasta que el final de la Guerra Fría hizo que funcionarios de los Estados Unidos y de la Unión Soviética iniciaran conversaciones entre MPLA y UNITA, con la mediación de Portugal. El 25 de Mayo de 1991, fue completada la retirada de las tropas cubanas. El 31 de Mayo, el gobierno de MPLA firmó un cese del fuego con UNITA. Las elecciones de Septiembre de 1992 fueron ganadas por el MPLA. UNITA no aceptó esta derrota, y reinició la guerra civil.
UNAVEM I se creó como parte del acuerdo político que condujo a la independencia de Namibia. No fue, como lo sería la misión que le sucedió UNAVEM II, el resultado de un acuerdo político entre las partes, para dar fin a la prolongada guerra civil angoleña. UNAVEM I debía verificar el retiro de las tropas cubanas de Angola. Como tal, servía de equilibrio político a otra misión de la ONU, la UNTAG (Grupo de Asistencia de Transición de las Naciones Unidas), que básicamente verificaba el cumplimiento de Sudáfrica del acuerdo con Namibia. UNAVEM I empezó con la firma del Acuerdo de Brazzaville, entre Sudáfrica, Angola y Cuba, el 22 de diciembre de 1988. Ambos problemas, la presencia cubana en Angola y el acuerdo sobre Namibia- tenían una cercana vinculación.
El 20 de diciembre de 1988, se decidió, por la Resolución 626, establecer UNAVEM I para verificar la retirada completa, por etapas, del material y tropas cubanas del territorio de Angola, según el cronograma acordado entre Cuba y Angola. La misión duraría un período de 31 meses, hasta aproximadamente el 1° de julio de 1991. UNAVEM I entró en operaciones el 3 de enero de 1989. El Brigadier General Pericles Ferreira Gomes (Brasil) fue Comandante de la Misión, y llegó a Angola con un grupo de observadores militares. El número máximo de observadores de UNAVEM I fue de 70, siete por cada país interviniente: Argelia, Argentina, Brasil, Congo, Checoslovaquia, España, India, Jordania, Noruega y Yugoslavia. Completaban la misión 22 funcionarios civiles internacionales y 22 locales. Posteriormente, el número de observadores y de personal civil fue disminuido, debido al éxito de las inspecciones realizadas al sur del paralelo 13 modificado. De tal manera el 1° de diciembre de 1989 se cerró la estación del puerto de Namibe, al sur de dicho paralelo, y la Misión se redujo a 6 observadores por país, 20 funcionarios civiles internacionales y 15 locales.
UNAVEM I estaba organizado por un grupo de comando y siete equipos de trabajo a cargo de personal militar, y un equipo de apoyo de campaña con funciones logísticas, a cargo de civiles, en los puestos de Cabinda, Lobito, Namibe, Luanda y en el aeropuerto de esta capital. El Cuartel General estaba situado a 10 kilómetros al sur de Luanda, en un predio de cuatro hectáreas, cercado por alambrado y custodiado por fuerzas de las Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola (FAPLA, rama militar de UNITA).
Dos equipos móviles (patrullas de largo alcance) fueron enviados para confirmar la retirada hacia el norte. Para permitir la verificación efectiva, se requirió a las autoridades angoleñas y cubanas notificar por escrito, con siete días de anticipación, la partida o llegada de tropas y equipos. Al comando ubicado en la capital, fue destinado un oficial argentino como Oficial de Enlace. Los restantes fueron distribuidos entre los equipos de trabajo, que a su vez se organizaban internamente a criterio del Jefe del Equipo, para cumplir funciones de operaciones, comunicaciones, abastecimiento y transporte. Cada equipo estaba integrado por un observador de cada país. Las patrullas se realizaban diariamente, siguiendo un plan semanal que organizaba el Oficial de Operaciones. El Equipo de Reacción inmediata (ERI), que desarrollaba esta actividad, contaba con una autonomía de 48 horas. Además de la retirada del personal militar, UNAVEM I registraba en detalle la retirada de tanques, camiones blindados para transporte de tropas, piezas de artillería remolcadas y autopropulsadas, diversos vehículos militares, equipos de ingenieros, helicópteros, aviones, gran cantidad de munición y otros pertrechos bélicos pertenecientes a las fuerzas cubanas. Cada equipo desarrollaba una actividad distinta durante quince días, al cabo de los cuales rotaban entre sí, de tal modo que al cumplir los tres meses y medio, todos realizaban la totalidad de las actividades que comprendía la operación. Diariamente se informaba por radio, al Cuartel General, y allí el Oficial de Operaciones volcaba la información en un acta firmada por las autoridades militares cubanas, angoleñas y de la ONU.
Las operaciones se llevaban a cabo de acuerdo con un cronograma detallado que constituía un apéndice del acuerdo bilateral. Para agosto de 1989, todos los soldados cubanos debían desplazarse hacia el norte del paralelo 15, y para octubre, al norte del paralelo 13. Los 50.000 soldados cubanos debían retirarse totalmente antes del 1° de julio de 1991. Al terminar cada fase de retirada, el Jefe de Observadores enviaba equipos móviles para verificar que no quedaran tropas en las áreas involucradas. Según el mandato, UNAVEM I podía realizar inspecciones en cualquier momento por iniciativa propia o a pedido del Consejo de Seguridad, si se informaba acerca de la presencia de tropas cubanas en alguno de los lugares que debían haber sido abandonados. Estas inspecciones eran realizadas en coordinación con las autoridades angoleñas, quienes proveían la escolta necesaria y los medios de transporte. El último día de cada fase de la retirada de las tropas hacia el norte, las autoridades angoleñas y cubanas confirmaban el estado de la situación por escrito, al Jefe de Observadores. UNAVEM I debía operar en una zona de guerra. Cuando la misión llegó a Angola en 1989, el país seguía envuelto en la guerra civil entre el MPLA (Movimiento Popular para la Liberación de Angola) y la UNITA (Unión Nacional para la independencia Total de Angola).
Los oficiales debían cumplir con altas exigencias técnicoprofesionales para desarrollar las siguientes tareas: - Control de puestos y aeropuertos donde supervisaban
la cantidad de personal y material que los cubanos embarcaban, a efectos
de regresar a su país de origen.
La cooperación de los observadores militares argentinos, brasileños y españoles fue esencial para propósitos de enlace con las autoridades angoleñas y cubanas de cada lugar de trabajo, favorecidos por el idioma y su reconocido prestigio profesional.
Debido al éxito en el cumplimiento de la Misión, se resolvió darle fin cinco semanas antes de lo previsto, lo que permitió al personal concentrar todos los recursos de las tareas asignadas, en una nueva misión: UNAVEM II. El 25 de mayo de 1991, UNAVEM I participó en la ceremonia que señalaba el final de la retirada de Angola de un total de 50.000 soldados cubanos, con el correspondiente equipo militar. Asistieron a ella, el presidente de Angola, el vicepresidente de Cuba y otras autoridades. El ministro de Defensa de Angola y el Jefe de las Fuerzas Cubanas, en presencia del Jefe de Observadores Militares de UNAVEM I, firmaron un documento que certificaba la finalización de la retirada. UNAVEM I había cumplido "completa y eficientemente" el mandato que le encomendara el Consejo de Seguridad. Debe destacarse, asimismo, la plena colaboración del gobierno de Angola, como así también la de las autoridades cubanas. El éxito de UNAVEM I demuestra, una vez más, lo que una operación de mantenimiento de la paz puede lograr, cuando se cuenta con la cooperación total de las partes interesadas.
El 1° de mayo de 1991, el Gobierno de la República Popular de Angola y la UNITA, reunidos en la ciudad portuguesa de Estoril, y en presencia de observadores de los Estados Unidos de América y de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, firmaron varios documentos conocidos colectivamente, como los Acuerdos de Paz para Angola. En ellos se estipularon las siguientes cuestiones políticas y militares: la creación de una Comisión Conjunta Político Militar (CCPM), elecciones, enunciación de principios relativos a la cuestión de seguridad interna, derechos políticos que podría ejercer la UNITA, establecimiento de estructuras administrativas y formación de las Fuerzas Armadas Angoleñas (FAA). Una vez que fueron firmados los acuerdos de paz, el gobierno angoleño solicitó, formalmente, que las Naciones Unidas participaran en la verificación de su cumplimiento, manteniendo la misión UNAVEM en Angola, hasta las elecciones. Se le pidió a la ONU supervisar el cese del fuego, pero no se decidió inicialmente si UNAVEM II ayudaría con las elecciones. La ONU aceptó ayudar, aunque el conflicto angoleño era básicamente interno. El rol de la ONU estaba justificado por las amplias dimensiones internacionales del conflicto. El mandato de UNAVEM I se aplicó hasta el 22 de julio de 1991. La resolución 696 del Consejo de Seguridad extendió la misión (UNAVEM II) diecisiete meses, para cubrir el plan interno de paz de Angola.
El mandato de UNAVEM II era "verificar los acuerdos de las dos partes en conflicto en Angola, (...) supervisar el cese del fuego (...) y fiscalizar la policía angoleña durante el período de cese del fuego". No obstante, el pedido del señor Pedro Castro Van Dunem, Ministro de Relaciones Exteriores de Angola, incluyó la necesidad de mantener UNAVEM II hasta la finalización de las elecciones. Por lo tanto, las primeras actividades de UNAVEM II fueron las de tratar de afianzar el cese del fuego acordado y delinear la metodología a emplear para la concentración y desarme de las tropas, de manera tal de permitir la formación de un ejército nacional. Se hicieron enormes esfuerzos para alimentar a los miles de soldados que se desmovilizaban, darles formación profesional, y también para prestar ayuda a los refugiados que regresaban al país.
El General de Brigada brasileño Pericles Ferreira Gomes continuó en el mando hasta el 1° de octubre de 1991, fecha en que asumió el Mayor General Eduardo Ushic Unimna (Nigeria) como Jefe de Observadores Militares. Los países que aportaron observadores militares fueron: Argelia, Argentina, Brasil, Canadá, Congo, Checoslovaquia, Egipto, España. GuineaBissau, Holanda, Hungría, India, Irlanda, Jordania, Marruecos, Nigeria, Noruega, Nueva Zelanda, Senegal, Singapur, Suecia, Yugoslavia y Zimbabwe. Nueve países también aportaron personal de fiscalización de la policía: Argentina, Brasil, Irlanda, Malasia, Marruecos, Nigeria, Holanda, Suecia y Zimbabwe. DESPLIEGUE
Se organizó en cinco etapas, y terminó en septiembre de 1991. FASE I: Se establecieron Cuarteles Regionales en cinco de las seis regiones de Angola: Huambo, Luanda, Luena, Saurimo y Lubango. Las fuerzas del Gobierno (FAA Fuerzas Armadas Angoleñas) y las de la UNITA (FAPLA), proporcionaron oficiales de enlace que participaron en el reconocimiento de 20 lugares en los que habían de destacarse efectivos de UNAVEM II. En cada lugar se estudió la situación respecto del alojamiento, los recursos logísticos y los servicios médicos. Se concluyó que en la mayoría de los casos, estos medios eran deficientes. FASE II: Se estableció un Cuartel Regional en Mavinga, la sexta región, y se organizaron equipos de observadores militares de cinco hombres de diferentes nacionalidades. FASE III: En esta etapa se realizaron pocas tareas, porque las FAPLA no autorizaron el ingreso del personal de UNAVEM II en las zonas de concentración de su área. Así y todo, se apostaron cinco equipos más, y un equipo de dos hombres y un oficial de enlace de la Misión en el Cuartel General de UNITA, en la ciudad de Jamba. FASE IV: En este período se realizaron intensas misiones de reconocimiento, por tierra y aire, en 20 lugares no visitados anteriormente. Se establecieron equipos en varias zonas más, y a mediados del mes de agosto se desplegaron los primeros funcionarios de fiscalización de la Policía de UNAVEM II, en los siguientes lugares: Cabinda, Negage, M'banza Congo, Huambo, Lobito, Bie, Namibe, Lubango, Menonga, Lucapa y Suarimo. FASE V: Se desplegaron los equipos restantes,
y también funcionarios de fiscalización; se logró,
al finalizar el mes de septiembre de 1991, que se terminara el despliegue
en las 46 zonas en las que estaban concentradas las fuerzas de las dos
partes, y que hubiese presencia policial en las 18 capitales de provincia.
RESULTADO DE LOS COMICIOS
Entre los días 29 y 30 de septiembre de 1992, se realizó en Angola la primera elección libre de su historia. El 17 de octubre, se publicaron los resultados oficiales, de donde surgió la necesidad de una segunda vuelta. UNITA desconoció el resultado, alegando fraude sistemático. La posición oficial y la de las Naciones Unidas afirmó que las elecciones habían sido libres y justas, criterio apoyado por la opinión pública internacional. Luego de desconocer el resultado, UNITA inició una campaña de intimidación dentro del país, llegando inclusive, a tratar de tomar el aeropuerto de Luanda, el día 29 de octubre. El gobierno rechazó el ataque, que dejó un saldo de 20 muertos. El 31 del mismo mes, el gobierno exigió la rendición incondicional de todos los mandos de la UNITA. Éstos se negaron, lo que desató un combate en la capital que duró tres días. También, se desarrollaron acciones bélicas de gran intensidad en distintos lugares, incluidos pillajes. La situación se volvió tensa y de evolución incierta La extensión del mandato de UNAVEM II no logró progreso alguno. A fines de noviembre, tropas de la UNITA ocuparon Uige capital de la provincia del mismo nombre y la población vecina de Negale donde se encontraba una base aérea importante. También extendió su dominio sobre municipios, incluidos dos capitales de provincias. El 20 de enero de 1993, ocupaba 103 municipios de un total de 164, incluida la ciudad de M'banza Congo, capital de la provincia de Zaire, rica en recursos minerales e importante centro de comunicaciones y carreteras. Mientras tanto, el gobierno adoptó posiciones cada vez más fuertes, repartiendo armas a civiles. Desde entonces, Angola está sufriendo nuevamente la guerra civil. El conflicto abarcó ciudades y centros de población como no lo había hecho antes. La propagación de los combates y la falta de administración interna habían provocado una hambruna generalizada. UNAVEM II tuvo que hacer frente a peligros cada vez mayores, con riesgo permanente de vida para sus integrantes. El rápido retiro de los equipos, impuesto por las circunstancias, ocasionó grandes pérdidas, y la evacuación de 45 de los lugares en que estaba desplegada la Misión. Los observadores fueron replegados, estableciéndose solamente en tres regiones, Luanda, Lubango y Huambo, donde se cumplieron tareas de enlace, ayuda humanitaria y verificación sobre denuncias de violaciones de los derechos humanos. Cabe destacar la ayuda humanitaria y el auxilio brindado por UNAVEM II a las víctimas del ataque practicado por la UNITA a un tren, en la provincia de Huila, donde murieron trescientas personas, y cincuenta y siete fueron seriamente heridas y posteriormente evacuadas por helicópteros de la ONU. Se repartieron importantes cantidades de alimentos a los centros poblados del interior del país. Pese a los grandes esfuerzos realizados por el Secretario General de las Naciones Unidas, la situación de Angola ha seguido deteriorándose cada vez más, y no se vislumbra una solución cercana del conflicto, debido a la intransigencia de ambas partes.
Las tareas que debían desempeñar los oficiales argentinos cambiaron, a consecuencia del fin del mandato de UNAVEM I y el comienzo de UNAVEM II. Algunos fueron designados oficiales de enlace en el Cuartel General regionales; otros, tras el cese del fuego, formaron parte del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas que coordinó la asistencia externa y organizó la logística de las elecciones. La prolongada guerra había devastado a Angola. El setenta por ciento de las carreteras eran intransitables, por estar minadas o en mal estado; las comunicaciones telefónicas estaban limitadas, y grandes sectores tenían escasez o carencia de agua, alimentos y combustibles. En algunos sectores, había que llevar el agua de fuentes ubicadas a dos kilómetros, o traerla por vía aérea. Servían de vivienda los refugios prefabricados, tiendas de campaña, edificios derruidos por la guerra, o simples chozas de paja que casi no ofrecían protección contra las serpientes, ratas e insectos. En UNAVEM II, participaron los siguientes oficiales argentinos: -Julio de 1991: Teniente Coronel Eduardo Marion y Mayor
Mario Fernando Troncoso. El Mayor Carlos Simonini fue entrevistado unos meses después de su retorno al país, tras haberse desempeñado como observador militar en Angola. Meditando sobre sus experiencias, manifestó: "Han pasado ya siete meses desde nuestra misión como oficiales militares para UNAVEM Il, que finalizó en julio de 1993. Cuando miramos hacia atrás, nos admiramos sobre
cómo pasó el tiempo, tan rápidamente. Poco a poco,
recordamos nuestra experiencia militar y la vida cotidiana en un contexto
tan diferente, y tan difícil de olvidar. Recordamos los días
de la partida, la angustia de dejar a los seres queridos y el surgir del
sentimiento de responsabilidad que nos inculcaron desde el Colegio Militar
y que crecía a medida que nos aproximábamos a nuestro destino.
Todos queríamos dar lo mejor como oficiales argentinos. Nuestras
primeras experiencias fueron muy duras, y hubiéramos deseado tener
los recursos suficientes para ayudar al sinfín de personas mutiladas
y que vivían en condiciones tan precarias, las que, después
de quince años de guerra civil sin un vencedor definido, necesitaban
de todo. Cumplimos con nuestra misión dando lo mejor de cada uno.
Nuestro prestigio y capacidad son aquellos que nos atribuyen los hombres
de diferentes nacionalidades con quienes compartimos nuestra misión;
de lo que estoy seguro es que estuvimos profesionalmente a la altura de
lo que esperaba nuestra Patria".
ESTABLECIMIENTO DE UNAVEM III (1995)
Hacia el final de 1994, la situación política y militar empeoró. Se produjeron continuas violaciones al cese del fuego en toda Angola, particularmente en el norte del país. Se concretaron intensos choques entre las Fuerzas Armadas Angoleñas (FAA), y las Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola (FAPLA). El 8 de febrero de 1995, los beligerantes firmaron el Acuerdo de Bicece y el Protocolo de Lusaka. Su propósito era establecer principios básicos para lograr una paz duradera y sostenible, bajo la supervisión de la ONU. Así se creó UNAVEM III. Su mandato incluía estas actividades: - Cese de hostilidades armadas.
La operación debía realizarse en tres etapas: Fase 1: Establecimiento de seis comandos regionales
de las Naciones Unidas.
A fines de diciembre de 1995, el despliegue de las tropas de UNAVEM III estuvo prácticamente finalizado y el establecimiento de zonas de acuartelamiento estaba bien encaminado. Sin embargo, la presencia de gran número de minas activadas afectó las operaciones. Con la asistencia de varias organizaciones no gubernamentales, UNAVEM III prosiguió sus actividades de eliminación de minas. Fueron abiertos varios de los caminos principales de la costa a las grandes ciudades del interior, como también algunos caminos secundarios interiores, lo que facilitó el programa de asistencia humanitaria a la zona de acuartelamiento de la UNITA, en las provincias de Huambo y Bié, y también en las tierras altas del Centro. A pesar de todos los esfuerzos realizados por el gobierno, y por el personal de UNAVEM III, el ritmo de la remoción de minas fue muy lento. Hasta el 25 de abril de 1996, las unidades de ingenieros de UNAVEM III, habían desminado y reparado un total de 4.030 kilómetros de caminos. A pesar de ello, las minas antipersonales no han dejado de cobrar víctimas.
A solicitud de las partes, UNAVEM III inició un programa nacional para difundir información básica sobre derechos humanos. El primer seminario se centró en la importancia del Protocolo de Lusaka para la protección de los derechos humanos, y también se formuló un programa de orientación para los propios observadores militares. A un año de la firma de dicho protocolo, se inició el período de acuartelamiento y se dio comienzo a las primeras etapas del proceso de paz, como por ejemplo, la liberación de prisioneros y el intercambio de información militar detallada. Durante la segunda quincena de enero de 1996, el gobierno y la UNITA convinieron en establecer un «grupo de prevención de conflictos» integrados por representantes militares de ambas partes y de alto rango. Pero a pesar de ello, el proceso de paz en Angola fue avanzando a un ritmo lento. A partir de agosto, se alternaron breves períodos de cooperación entre el Gobierno y la UNITA. Pero la profunda desconfianza y la falta de voluntad política para adoptar medidas resueltas, obstaculizaron el cumplimiento de los compromisos. Pero aún así, se produjeron acontecimientos positivos, como la adopción del acuerdo sobre cuestiones militares, la promulgación de la Ley de Amnistía del 8 de mayo y el comienzo del proceso de incorporación del personal militar de la UNITA a las Fuerzas Armadas Angoleñas. El 20 de noviembre de 1996, se cumplió el segundo aniversario de la firma del Protocolo de Lusaka. Durante esos dos años, el país conoció una situación de relativa paz. UNAVEM III, se convirtió así en la mayor operación de mantenimiento de paz de la Organización, de tal manera que su constante participación siguió siendo imprescindible. La desmovilización de decenas de miles de soldados y su reinserción en la sociedad civil se encontraban entre las tareas más importantes que todavía quedaban pendientes, junto con la rehabilitación de las comunidades rurales. En febrero de 1997, se reanudó la retirada de unidades militares con miras a terminar el proceso en un período de seis meses. Con el fin de concluir las tareas previstas y de consolidar los progresos logrados hasta ese momento, se estimó necesario mantener, aunque a escala reducida, la presencia de las Naciones Unidas en Angola después de esta fecha. Las actividades debieron concentrarse en tareas políticas, de policía y de vigilancia de los derechos humanos, en actividades humanitarias fundamentales, como la remoción de minas, y en programas de información pública y de apoyo logístico al conjunto de la misión. La ayuda humanitaria se centró en los servicios agrícolas, tras la distribución de semillas y herramientas. Como estaba previsto, el día 9 de abril de 1997, 67 de los 70 miembros de la UNITA, prestaron juramento para integrar el Parlamento, y más tarde, la Asamblea Nacional eligió un segundo vicepresidente y un segundo secretario de la Asamblea, entre los diputados de la UNITA. El 11 de abril se estableció el gobierno de unidad y reconciliación nacional, en una solemne ceremonia a la que asistieron Jefes de Estado y de Gobierno y otros dignatarios de diversos países, más los representantes de los tres Estados observadores (Portugal, la Federación Rusa y los Estados Unidos de América). Por la naturaleza de este prolongado conflicto, las partes necesitan constantemente de buenos oficios y mediación entre ellas, como así también asistencia y orientación en el proceso de paz. Es por ello que el Consejo de Seguridad estableció una Misión de Observadores de las Naciones Unidas en Angola (MONUA), a partir del 1° de julio de 1997, que reemplazó a UNAVEM III.
El Teniente Coronel Horacio Lauría y el Capitán Carlos R. Socín llegaron al área de la misión en noviembre de 1994, durante el mandato de UNAVEM II. Durante su estadía, su misión cambió a UNAVEM III. El Teniente Coronel Horacio Lauría fue nombrado Comandante del Sector Norte, que incluía las provincias de Cabinda, Zaire, Uigi, Cuaza del Norte, Bengo y Luanda. El Capitán Carlos R. Socín fue asignado a Sumbe, como observador militar. El Teniente Coronel Lauría enfermó de malaria y fue evacuado en mayo de 1995. El Capitán Socín permaneció hasta noviembre de 1995. Respecto de su misión, el Teniente Coronel Horacio Lauría expresó: "Fue realmente difícil realizar esa tarea. No bien llegué a Uigi, comenzamos a trabajar para establecer el Cuartel General del Sector Norte. No pudimos trabajar mucho tiempo. A las pocas horas, comenzó un denso tiroteo entre las FAA y las FAPLA. Quedamos atrapados en el fuego cruzado, y aislados por más de sesenta días. En otra ocasión, derribaron el helicóptero en que viajábamos. Por suerte, el piloto logró aterrizar a salvo, pero no pudimos evitar ser tomados prisioneros de las FAPLA por ocho horas. Aún hoy siento mucho la muerte del Comandante Rubén Aguirre, de la Gendarmería, quien fue cobardemente baleado mientras patrullaba Luanda. También recuerdo los cien largos días que me llevó librarme de la malaria, después de que me evacuaron. Pero sé también de los centenares de vidas de angoleños que salvamos, los enfrentamientos que se evitaron debido a las negociaciones, las medicinas, alimentos y asistencia humanitaria que ofrecimos a niños y ancianos, que sufrían los efectos de la guerra. Estas son las razones por las que estamos listos para volver, si es necesario".
ANTECEDENTES
El compromiso político de las Naciones Unidas con el Sahara Occidental data de principios de la década del '60, cuando el territorio era una colonia española. Cuando España se retiró en 1976, cediendo el control a Marruecos y Mauritania, éstos fueron rechazados por el Frente Popular para la Liberación de Saguia el Hamra y de Río de Oro (Frente POLISARIO). La mediación desde mediados de los ochenta llevó un plan para dar a los saharaíes occidentales el derecho a escoger entre la independencia y una fusión con Marruecos. La misión de las Naciones Unidas para el Referéndum para el Sahara Occidental (MINURSO) fue creada para implementar el plan. Ante la tensa situación en el Sahara Occidental, el Secretario General de la ONU se reunió en Ginebra con delegados de ambas partes (Marruecos y el Frente POLISARIO), y en Nueva York, el 11 de agosto de 1988, y les presentó un plan conjunto de la ONU y la OAU (Organización para la Unión Africana) para el cese del fuego, y un referéndum que se realizaría bajo el auspicio de las Naciones Unidas. El proyecto fue aceptado por ambas partes el 30 de agosto, y aprobado unánimemente por la Resolución del Consejo de Seguridad 621, el 20 de septiembre de 1988. Aunque las dos partes estuvieron de acuerdo sobre el referéndum de la ONU en 1988, permanecieron alejadas de los detalles importantes, aún después del despliegue inicial de MINURSO.
Por la resolución 690 del 29 de abril de 1991, el Consejo de Seguridad autorizó la creación y el establecimiento de la Operación de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental (MINURSO), con el mandato de proteger el derecho de autodeterminación del pueblo sahariano. El plan original no pudo implementarse en su totalidad, debido a la falta de acuerdo entre las partes. Se preveía un período de transición, que empezaría desde el efectivo cese del fuego y se prolongaría hasta que se publicaran los resultados del referéndum. El cese del fuego ordenado por las Naciones Unidas entró en vigor el 5 de septiembre de 1991. El éxito del plan se basaba en acordar la pregunta que se haría en el referéndum, las condiciones de éste, y la formación del cuerpo electoral. El mayor problema para MINURSO era el desacuerdo de las partes, sobre los criterios para determinar quiénes tendrían derecho a voto. Durante los seis meses iniciales, la misión controló el cese del fuego y, parcialmente, supervisó la reunión de tropas en zonas determinadas por las Naciones Unidas. Las partes en disputa no llegaron a un acuerdo sobre los votantes. La Comisión ldentificatoria que debía determinar quiénes podrían votar, empezó su trabajo en julio de 1993.
REPRESENTANTE ESPECIAL DEL SECRETARIO GENERAL
Designado por el Secretario General, tenía responsabilidad única y exclusiva sobre las cuestiones relacionadas con el referéndum, incluso su organización y realización. Era asistido por un Representante Especial Adjunto y personal civil, militar y de seguridad de las Naciones Unidas, bajo su mando y dirección.
Existían dos comisiones designadas por el Secretario General, a efectos de asistir al Representante Especial en el cumplimiento de sus responsabilidades. La Comisión de Identificación trabajaba en el fichado de los votantes reconocidos, sobre la base de lo convenido por las partes en conflicto. A su vez, la Comisión del Referéndum brindaba asesoramiento al Representante Especial, respecto de las medidas de campaña para garantizar la libertad e imparcialidad del plebiscito.
Sus tareas consistían en garantizar y controlar el cese del fuego, denunciando su violación por las partes en litigio, controlar, supervisar y dirigir el intercambio de prisioneros y relevar los campos minados aún no ubicados. Aportaron observadores militares Argentina, Australia, Austria, Bangladesh, Bélgica, Canadá, China, Estados Unidos, Egipto, Francia, Ghana, Grecia, Guinea, Honduras, Inglaterra, Irlanda, Italia, Kenia, Malasia, Nigeria, Paquistán, Polonia, Rusia, Suiza, Túnez y Venezuela .
La Misión contaba con el Cuartel General instalado en una escuela primaria en Laayoune, bajo jurisdicción marroquí. El Frente Polisario consiguió la instalación de la Base de Enlace de la Misión en Tindouf (Argelia). Del Cuartel General, dependían los comandos de los dos sectores, Norte y Sur, que tenían bajo su control una serie de puestos operativos instalados en pleno desierto.
Seis equipos, desplegados en el área del Frente POLISARIO, debieron reocupar las posiciones en la región de Saguia el Hamra (Bir Lahlou, Mehaires, Tifariti) porque era imposible mantener esas instalaciones. Habían estado abandonadas por años, hasta la llegada de los cascos azules. Había cuatro puestos de observación del lado marroquí.
El Cuartel General tiene su asiento en la ciudad de Laayoune, capital del Sahara Occidental. El Comando del Sector Norte está ubicado en la ciudad de Smara. De él dependen los equipos de Smara y Mahbas, ubicadas en el sector marroquí, y Mehaires, Tifariti y BirLahlou, en el sector polisario. El Comando del Sector Sur tiene su asiento en la ciudad de Dakhla y de él dependen cinco equipos: Awsard y Oum Dreyga, ubicados en el sector marroquí, y Mijek, Agwanit y Dougaj, en el sector polisario. Existió un Sector Centro que tuvo breve duración. Formado en el quinto mes del transcurso de la misión, funcionó no más de cuatro meses en el cuartel marroquí de Oum Dreyga. Luego su Comandante pasó a Laayounne como Jefe de Estado Mayor de la Fuerza y el Sector Centro fue absorbido por el Comando del Sector Sur.
Esta oficina, ubicada en Tindouf, constituía el enlace entre la dirigencia políticomilitar del Frente Polisario y el Cuartel General de las Naciones Unidas en Laayoune.
La actividad diaria daba comienzo a las 7 con el toque de diana, extendiéndose hasta muy entrada la noche. Durante el día, se realizaban tareas de planificación, ejecución de patrullas y análisis de los resultados obtenidos. Los patrullajes podían insumir pocas horas o varios días. Las patrullas diarias, compuestas por cuatro observadores en dos vehículos, realizaban el control del cese del fuego dentro del sector de responsabilidad de cada puesto de observación, debiendo cubrir, como mínimo, dos a tres veces por día, entre el 50 y el 60 por ciento del sector. El jefe de patrulla debía informar sobre los resultados a todo el personal, al regresar al puesto de observación. Las patrullas helitransportadas, constituidas por personal civil contratado, usaban helicópteros rusos y su actividad se extendía no más de dos horas, con una frecuencia de dos veces por semana. Las patrullas de largo alcance duraban de dos a tres días y sus integrantes vivían en carpas, con raciones de combate. El patrullaje era una tarea cansadora y riesgosa, dado que debían cubrir de 600 a 800 kilómetros diarios, en terrenos generalmente minados. En medio del desierto, sin referencias, había gran cantidad de minas sembradas en la arena, sin señalización ni registro, situación agravada por el desplazamiento de las dunas, con las que se corrían también las minas. Aunque los beligerantes debían informar a MINURSO sobre la ubicación de los campos minados la información era intencionalmente incompleta, inexacta o a veces desconocida. Había que prestar la máxima atención en la ruta a seguir, avanzando sobre huellas, que en ocasiones desaparecían por la acción del viento. La situación mejoró cuando MINURSO utilizó navegadores satelitales, que ofrecían una localización más precisa.
El primer contingente argentino arribó a la ciudad de Laayoune, el 5 de octubre de 1991. Permaneció un día en esta ciudad, durante el cual se llevó a cabo la puesta en situación de las actividades en desarrollo. Los oficiales recibieron información sobre profilaxis e inmunización, a efectos de afrontar las agresiones climáticas del desierto, debido a la gran amplitud térmica, entre 60°C (día) y 35°C (noche) en la estación del año más calurosa, y entre 30°C (día) y 5°C (noche), en invierno. Durante las tormentas de arena, el viento alcanza los 150 kilómetros por hora. En este medio, el agua potable era el elemento más crítico.
MEDIOS A DISPOSICIÓN
ALOJAMIENTO: Dado que la misión no tenía inicialmente alojamiento, alimentos ni comunicaciones, los observadores debían compartir tiendas de 4 x 4 m, o pequeñas cabañas. La situación mejoró gradualmente. ALIMENTOS: La comida consistía, inicialmente, en raciones de combate. Cuando se normalizó la logística, la ONU proveyó carne y leche. En Mijek, ubicado a 480 kilómetros de la costa atlántica, los frutos y vegetales no eran parte de la dieta. Los platos principales eran fritos, muy condimentados, basados en lentejas, porotos y enlatados (caballa, aceitunas, arvejas). La comida típica saharaí era el "alcuzcuz", una especie de puchero preparado con carne de cordero. Los nativos bebían té de menta, infusión refrescante, cuya ofrenda al huésped tenía connotaciones amistosas y solidarias. La obtención de agua, y asegurar su potabilidad, era de primordial importancia. SALUD: El personal fue vacunado y se le suministraron medicamentos, antes de comenzar su misión. No obstante, se produjeron patologías intestinales, provocadas por la alta temperatura y la ingestión de alimentos contaminados. La organización también proveyó anteojos para sol, botiquín y algunos elementos para supervivencia. Un equipo de sanidad aportado por Suiza cubría
la atención médicoodontológica, recorriendo una vez
por semana cada uno de los puestos de observación. Los casos graves
se derivaban a Laayoune, y si eran necesarios tratamientos de complejidad,
se trasladaba a los enfermos a los centros hospitalarios de Las Palmas,
en la isla de Gran Canaria.
PRIMER CONTINGENTE ARGENTINO (1991-1992)
Los observadores militares argentinos llegaron al área de misión el 6 de octubre de 1991. Algunos fueron asignados al Estado Mayor, otros operaron como oficiales de enlace, y otros como observadores en los puestos de observación. El Teniente Coronel Jorge Enrique Echeverría, Jefe del Contingente, prestó servicios en el Cuartel del Sector Norte (Smara). Luego, pasó como oficial de enlace a la base de MINURSO en Tindouf, en la que finalmente se desempeñó como 2do Comandante. El Mayor Aurelio Pedro F. T. Jofre se desempeñó como Auxiliar del Oficial de Inteligencia en el Estado Mayor de la Fuerza en Laayoune. Posteriormente, fue designado Oficial de Inteligencia del Comando del Sector Sur en Awsard, y luego se desempeñó como Jefe de Personal del Comando del Sector Sur. El Mayor Juan C. F. Etcheves fue destinado al equipo Awsard. A partir del séptimo mes, fue asignado al Estado Mayor de la Fuerza en Laayoune. El Mayor Eduardo Horacio Cundins fue asignado al equipo Mijek, en el que se desempeñó, sucesivamente, como Oficial de Personal, 2do jefe y Jefe.
Este contingente arribó a la ciudad de Laayoune, el 28 de septiembre de 1992. En representación del Comandante de la Fuerza, Brigadier General Van Baelen (Bélgica), fueron recibidos por el Oficial de Coordinación, el Coronel hondureño Corrales. Los oficiales argentinos se desempeñaron en los siguientes puestos: Teniente Coronel Angel F. Fleba, Jefe del Contingente. Luego fue designado 2do Comandante de la base de enlace (Tindouf). Mayor Jorge F. Tisi Baña, Auxiliar del Jefe de Personal del Estado Mayor de la Fuerza y después Subjefe de Personal del Cuartel General en Laayoune. Mayor Jorge Aníbal Masson: 2do Jefe del equipo Awsard, y durante el segundo semestre jefe del equipo Tifariti. El Mayor Mario Carlos Antonio Méndez fue designado, a partir de abril de 1993, como observador militar en el equipo Oum Dreyga.
Los oficiales pertenecientes al ejército fueron el Teniente Coronel Enrique G. Rivas, el Mayor Daniel C. Nadali y el Mayor Tirso E. Brizuela. Desarrollaron sus tareas desempeñándose en el Estado Mayor de la Oficina de Enlace en Tindouf. Los integrantes de la misión coincidieron en afirmar
que en este escenario calmo, la cultura hispana seguía presente
en el Sahara. La vigencia del idioma resultaba el punto de contacto con
los observadores argentinos, ya que los polisarios declaraban tener un
mismo origen, al ser ex colonias de España.
Su disconformidad se evidenció, además, con preparativos bélicos, como el traslado de material de combate nuevo, entre ellos, vehículos Land Rover, equipados con un cañón liviano o ametralladoras pesadas, hecho que al ser detectado por los observadores militares fue reportado al Comando de la Fuerza, y posteriormente a Nueva York, como una violación del cese del fuego. Durante el mismo período, en una región militar dominada por el Frente Polisario, su comandante prohibió el sobrevuelo de las patrullas de helicópteros. Esta acción también fue interpretada como violatoria, y reportada a Nueva York. Cuando en Laayoune habían finalizado los preparativos de bienvenida, Hassan II canceló su visita, alegando un problema de salud. Desde ese momento, la situación volvió
a la relativa calma habitual, y no se produjeron nuevas transgresiones
dignas de ser destacadas.
SEXTO CONTINGENTE (1996-1997)
El observador argentino fue el Capitán Pablo Guillermo Quiroga quien, por orden del Comandante de la Fuerza, ocupó el puesto de Oficial de Inteligencia de la misión.
Actualmente se encuentra en la misión el Mayor Oscar Rubén Delgado. Luego de ser destacado en el desierto, fue trasladado a servir en el Cuartel General como oficial a cargo del abastecimiento de toda la misión en operaciones. En estos últimos años, la cuestión sahariana puede definirse como un conflicto no violento: las transgresiones al cese del fuego no han ido más allá de incursiones llevadas a cabo con animales sobre los obstáculos de la línea fortificada que separa el territorio marroquí del polisario, para detonar los campos minados, con el objeto de perturbarse recíprocamente. En cuanto al proceso de identificación y empadronamiento de la población condición fundamental para poder realizar el referéndum, según testimonios del actual Teniente Coronel Ferrante, se ve demorado y complicado, principalmente por la dificultad que tienen los saharauíes para trasladarse hasta los centros de identificación, instalados cerca de los Comandos de Sector, así como también por la falta de capacidad, por parte de los jeques, para reconocer a las personas que deben ser identificadas. En consecuencia, al no poderse confeccionar los padrones electorales, resulta imposible establecer una fecha para comenzar el despliegue del contingente militar, y por lo tanto no se pueden realizar estimaciones en cuanto al tiempo de la prórroga de la misión.
Durante el año 1999, MINURSO incrementará las tropas asignadas a la misión. El Ejército Argentino contribuirá con una Compañía de Infantería Motorizada con un efectivo de 225 hombres. La subunidad estará organizada con una Sección de Infantería Mecanizada y dos de Infantería. Las misiones de la subunidad serán: 1. Apoyo a la preparación del referéndum.
ANTECEDENTES
Después de la caída de la dictadura de Salazar, en 1974, Mozambique, ex colonia portuguesa, se convirtió en un estado independiente, el 25 de junio de 1975. Zamora Machel, jefe del FRELIMO (Frente de Liberación de Mozambique), asumió como presidente. El FRELIMO había encabezado la guerra por la independencia desde 1962, pero en 1964 se volcó al marxismo. El FRELIMO definió su ideología marxistaleninista en 1977 y formó el Partido de los Trabajadores. Todos los gobiernos marxistas de la región sustentaron al FRELIMO. El principal problema interno que debió enfrentar el gobierno, fue la guerrilla emprendida por el Movimiento de Resistencia Nacional Mozambiqueña (RENAMO), una rama disidente del FRELIMO. Esta agrupación, sin una base étnica homogénea, presentó características filooccidentales y antimarxistas de oposición al régimen del FRELIMO, a la sazón en el poder. Mientras que el FRELIMO era apoyado por Tanzania y Zimbabwe, el RENAMO tenía el apoyo de Sudáfrica. A pesar de que se llegó a un acuerdo con Sudáfrica en febrero de 1984, las tensiones continuaban, con acusaciones mutuas. Sudáfrica acusaba al FRELIMO de ayudar al Congreso Nacional Africano, llevando pertrechos bélicos al territorio sudafricano. A su vez, el FRELIMO acusaba a Sudáfrica de proveer de armamentos al RENAMO. Para agosto de 1988, a pesar de las importantes ofensivas del gobierno, las fuerzas de la RENAMO se encontraban activas en los diez distritos provinciales de Mozambique; ocuparon Marremou, cerca del puerto de Beira, y la capital fue seriamente amenazada. El FRELIMO se vio diezmado por luchas internas. El principal conflicto se produjo entre quienes proponían una solución negociada al conflicto armado, y quienes se oponían a estas tratativas. La ideología marxistaleninista fue eliminada en 1989, y se anunciaron los puntos esenciales para una nueva Constitución. El gobierno lanzó una iniciativa de paz, publicando un conjunto de doce principios, que exigían el cese de los actos de terrorismo, garantizaban el derecho de participación política de todos los individuos que renunciasen a la violencia, se reconocía el principio de que nadie debía imponer su voluntad a otro por la fuerza, y exigía que en todas partes se reconociera la legitimidad del Estado y la Constitución. La RENAMO rechazó la propuesta, exigiendo su reconocimiento como entidad política y la introducción de elecciones pluripartidarias. No obstante, existieron contactos directos entre las partes durante todo el año. En enero de 1990, se anunció la separación del Estado y del FRELIMO, abandonándose el apelativo de "popular" en el nombre oficial del país. Los esfuerzos para terminar con la guerra civil que llevaba ya varios años fueron infructuosos, porque la guerrilla insistió en violar los sucesivos acuerdos de cese del fuego formulados entre las partes. Desde julio de 1990, el gobierno italiano y la Iglesia Católica sirvieron de mediadores en los distintos intentos para lograr la paz en Mozambique. Hasta agosto de 1991, se habían realizado siete reuniones entre la RENAMO y el gobierno de Mozambique, representado por el FRELIMO. En uno de estos encuentros, llevado a cabo el 21 de enero de 1990, se discutió el tema de los 10.000 soldados de Zimbabwe estacionados en Mozambique, para proteger dos estratégicos corredores o entradas que cruzan el territorio mozambiqueño y unen a Zimbabwe y otros países del África meridional con el Océano Indico. Al intensificarse la guerra civil, Malawi y Zimbabwe con la autorización del gobierno, destacaron tropas en estos corredores, con el fin de mantenerlos expeditos. El 4 de octubre de 1992, se firmó en San Egido (Roma) lo que se llamó Acuerdo General de Paz, en el que se establecieron los principios y las modalidades para la consecución de la paz en Mozambique. También se solicitó la participación de las Naciones Unidas, para la asistencia técnica y la supervisión de las elecciones. La RENAMO se comprometía a detener la lucha armada desde la cesación del fuego, y a conducir su política de conformidad con las leyes y en el marco de las instituciones del país. Ambas partes convenían la formación de una Comisión para Supervisión y Control (CSC) para el cumplimiento del acuerdo de paz y las primeras elecciones democráticas del país. Dicha comisión estaría integrada por representantes del gobierno, la RENAMO, las Naciones Unidas y otras organizaciones o gobiernos, dependiendo del acuerdo entre las partes. El cese del fuego entraría en vigor, a más tardar, el 15 de octubre de 1992, fecha denominada "Día E". La desmovilización debía terminar seis meses más tarde; paralelamente, se formarían nuevos partidos políticos y se realizarían los preparativos para las elecciones que debían celebrarse como última fecha, el 15 de octubre de 1993. Se pidió a las Naciones Unidas que asumieran un papel importante en la supervisión de la aplicación del Acuerdo de Paz, y que se encargaran de funciones concretas en cuanto al cese del fuego, las elecciones y la asistencia humanitaria. En octubre de 1992, el Consejo de Seguridad aprobó la Resolución 782 y la designación de un Representante Especial Provisional, así como el envío de un grupo de 25 observadores militares, para el 13 de octubre. Como Representante Especial fue designado Aldo Ajello, funcionario italiano que se trasladó a Mozambique, a fin de ayudar a las partes a establecer un mecanismo conjunto y a dar los toques finales a las modalidades y condiciones de los asuntos militares, como así también llevar adelante las demás medidas que debían adoptarse. El 15 de octubre de 1992, día en que entraba en vigor el acuerdo de paz, llegaron a Mozambique los observadores militares.
El 4 de noviembre de 1992, el señor Aldo Ajello
nombró la CSC, que celebró su primera reunión el
mismo día y designó comisiones subsidiarias:
COMISIÓN NACIONAL DE ASUNTOS POLICIALES, para fiscalizar la actuación de la Policía de la República de Mozambique. Dado el alto grado de inseguridad que vivía el país, y la falta de fuentes de trabajo, se permitía a la Comisión de Supervisión y Control (CSC) a autorizar, a título temporal, a grupos armados privados u organismos de seguridad privados, para que con su acción garantizaran la seguridad de determinadas infraestructuras públicas o privadas, en el período comprendido entre la cesación del fuego y la toma de posesión del nuevo gobierno.
La organización militar
La organización militar estaba directamente subordinada al señor Aldo Ajello, representante especial del Secretario General. El General de División brasileño Lelio Goncalvez da Silva, asumió el Comando de la Fuerza, y como 2do Comandante, lo hizo el General de Brigada de Bangladesh, Anis Raman. Tenía como misión ejecutar las decisiones del Representante Especial instrumentadas a través de la Comisión de Supervisión y Control, y de la Comisión de Cese del Fuego, para lo cual contaba con dos elementos importantes: la fuerza de mantenimiento de la paz y los observadores militares. Las fuerzas de mantenimiento de la paz debían custodiar los corredores y facilitar el libre tránsito de personas y bienes, mediante patrullas, escoltas, puestos de control y reconocimientos. Estaban distribuidas de la siguiente manera: -Región Norte: un batallón de Bangladesh.
Los observadores militares debían inspeccionar y controlar la implementación del Acuerdo de Paz. Sus tareas principales consistían en ejecutar reconocimientos, supervisar la organización de acantonamientos, efectuar investigaciones, supervisar la desmovilización parcial del ejército gubernamental y el control de las elecciones. Los países que contribuyeron con observadores militares fueron: Argentina, Bangladesh, Botswana, Brasil, Cabo Verde, Canadá, China, República Checa, Egipto, España, Guinea Bissau, Hungría, india, Malasia, Suecia y Uruguay.
La destrucción de las vías de comunicación (caminos, vías férreas, oleoductos, etc.), ocasionó la devastación y el aislamiento de provincias enteras. La primera necesidad que se planteó fue el reconocimiento de caminos y pueblos dentro del territorio de la jurisdicción de los Comandos Regionales, para establecer necesidades de apoyo (comida, sanidad, energía, agua), tanto para la población civil como para el personal militar de ambas partes. De esa forma, se pudo establecer cómo llevar a cabo el apoyo en término, y se familiarizó al personal con el terreno, donde debían realizarse las operaciones. Estas tareas comenzaron en el mes de abril de 1992, y enfrentaron grandes problemas: falta de caminos, campos minados, y la necesidad de contar con el apoyo local de los bandos enfrentados. Estos reconocimientos fueron realizados por equipos de cuatro a seis personas, con dos vehículos de comunicaciones. En ciertas situaciones, eran apoyados por un helicóptero para hacer el reconocimiento aéreo. El personal estaba agotado, dado el desgaste que ocasionaba manejar a reducida velocidad durante centenares de kilómetros, en lugares donde había que trabajar duramente para abrirse paso.
Las tropas beligerantes fueron reunidas en las siguientes etapas: -RECONOCIMIENTO DEL LUGAR DE INSTALACIÓN. Se efectuaron mediante un equipo integrado por observadores militares, personal civil de la ONU, un geólogo, un médico, un experto en aguas, y representantes de ambas facciones en conflicto. Estas áreas de reunión habían sido establecidas por el gobierno central, pero su aprobación estaría sujeta al reconocimiento llevado a cabo por la ONU y el RENAMO. -ORGANIZACIÓN E INSTALACIÓN DE LAS AR. Consistía en el armado de carpas y diversas instalaciones para su funcionamiento. Las comodidades, en general, se componían de: carpa dormitorio, comedor/cocina, enfermería, centro de comunicaciones y operaciones, depósitos de víveres y ropa para la tropa, letrinas y un grupo electrógeno. -ESTABLECIMIENTO DE LA PRESENCIA. Era una etapa necesaria como forma de presión para acelerar el cumplimiento del Acuerdo de Paz. En ella, los Observadores Militares junto con voluntarios de Naciones Unidas, expertos en procesamiento de datos, sanidad, médicos, en número variable según el AR, preparaban la zona. -APERTURA DE LAS AR. Comprendía la reunión del personal a desmovilizar, confección de una ficha individual mediante la cual se efectuaron los padrones electorales, documentos de identidad, ficha de desmovilizados, recepción del armamento individual y de conjunto, y abastecimiento de comida, vestimenta civil y alojamiento al personal acantonado.
Consistió en la entrega del documento de desmovilización, pago de sueldos atrasados y traslado de las personas desplazadas a sus lugares de origen.
La RENAMO exigió, para este proceso, el repliegue parcial de los observadores y la instalación de una vigilancia policial de la ONU, debido a que no confiaba en los elementos de control gubernamentales para el desarrollo de los comicios. Durante la segunda mitad del año 1993 y primera del 1994, se llevaron a cabo las elecciones, en las cuales ganó el FRELIMO. No se registraron inconvenientes durante el desarrollo de dicho acto, ni tampoco posteriormente. El país estaba encaminándose hacia una organización política democrática, dejando un pasado de luchas armadas por la toma del poder.
Estos oficiales argentinos tomaron parte en la operación durante 1993-1994: Mayor Luis A. López, Mayor Gabriel J. Guerrero y Mayor J. Carlucci. Los dos últimos fueron designados para organizar una nueva AR para RENAMO, en Savane, con la finalidad de reunir un gran número de combatientes (900), desarmarlos y que esto sirviera de efecto dominó. El Mayor Carlucci relató sus experiencias de esta manera: "De un día para el otro me encontré en medio de la selva, sin ningún tipo de infraestructura, rodeado por la guerrilla, que no estaba muy de acuerdo con la presencia de la ONU en la zona. Inconscientemente afloró en mí lo que se me había inculcado durante años: el ejercicio del mando y comencé a trabajar en consecuencia. Levanté carpas, construí cercas, pozos, letrinas, estibé bolsas de arroz, atendí y evacué enfermos, jugué al fútbol con ellos y los organicé por pelotones. Después de seis meses de trabajo, había desplazado a sus jefes y me había convertido en su líder". Ocho oficiales fueron asignados a ONUMOZ como observadores militares, entre 1994 y 1995. La Fuerza Aérea Argentina montó un hospital de campaña.
Los procesos de desmovilización y de educación democrática estaban completamente realizados para cuando terminaron las actividades, de manera que las elecciones se realizaron en el tiempo estipulado. El FRELIMO resultó ganador. A fines de 1994, la ONU comenzó a retirar sus fuerzas de Mozambique. Quedaron allí, solamente, algunas fuerzas de paz,
para la preservación de la ley y el orden.
Los primeros habitantes de Ruanda fueron los pigmeos twa que, ocupados en la recolección de frutos y de la caza, viven aún en pequeños caseríos, en la vasta selva tropical que cubre todavía gran parte del territorio. Posteriormente, apareció la etnia hutu, un pueblo de agricultores bantúes, que comenzó a deforestar para plantar vegetales en los que basa su dieta. Los hutu dominaban desde antiguo la metalurgia, y fabricaban lanzas e instrumentos de labranza en forjas primitivas pero eficaces. La población de los hutu en el territorio de Ruanda, se remonta al pasado milenio. Finalmente, llegaron los tutsi, pueblo originario del bajo Nilo, esencialmente constituido por guerreros y pastores. Ellos extendieron su organización política y social a la mayoría hutu, y le transfirieron la cultura ganadera e impusieron sutil, progresiva y eficazmente su sistema, sobre todo el territorio. Esta organización de tipo feudal se basaba en la división interétnica del trabajo, con un rey tutsi, con sus cortesanos guerreros, de la misma etnia, y el pueblo tutsi, los agricultores hutu y los alfareros y cazadores twa. Existía una armonía basada en una cierta movilidad social y la división de la sociedad en clanes interétnicos. Este complejo equilibrio, forjado en los últimos 500 años, tiempo que se considera desde que arribaron los tutsis- Ilegaría a un dramático final, al comenzar la influencia del colonialismo europeo. Entonces, comenzó el conflicto interétnico entre tutsis y hutus.
El 22 de junio de 1993, el Consejo de Seguridad autorizó, por resolución 846, el establecimiento de la Misión de Observación Uganda Ruanda (UNOMUR), la cual debía controlar la frontera y observar la situación militar. Asimismo, el Consejo de Seguridad aprobó la decisión del Secretario General, de contribuir al esfuerzo de paz de la OAU (Organización de Unión Africana) a través del Grupo Neutral de Observadores Militares (GNOM) en Ruanda. Las conversaciones de paz de Arusha concluyeron exitosamente el 4 de agosto de 1993, con la firma de un detallado acuerdo de paz que incluyó elecciones democráticas, el establecimiento de un gobierno de transición hasta las elecciones, la repatriación de los refugiados y la integración de las fuerzas armadas de ambas facciones; las dos partes llamaron a una fuerza neutral internacional para ayudar a la implementación del acuerdo, para lo cual se recurrió a las Naciones Unidas. Ambas partes pedían que esta fuerza internacional controlara la desmovilización de las fuerzas armadas existentes, y colaborara con la formación del nuevo Ejército Nacional y la Gendarmería Nacional.
Para cumplir con el pedido de Ruanda, el 5 de octubre de 1993, el Consejo de Seguridad estableció la misión llamada UNAMIR I. El despliegue efectivo comenzó el 22 de octubre de 1993, con la llegada del Comandante de la Fuerza a Kigali, General Romeo A. Dallaire (Canadá). El primer batallón de UNAMIR en Kigali estaba compuesto por contingentes de Bélgica y Bangladesh. El Representante Especial del Secretario General para Ruanda, JacquesRoger BoohBooh, ex ministro de Relaciones Exteriores de Camerún, viajó a Kigali, y comenzó sus funciones el 23 de noviembre de ese año. El 5 de abril de 1994, el Consejo de Seguridad expresó su profunda preocupación por la demora en el establecimiento del gobierno, y la asamblea de transición deploró el deterioro de la seguridad del país, y decidió extender el mandato de UNAMIR I hasta el 29 de julio de 1994. El 6 de abril de 1994, el avión en que regresaban a Kigali el presidente de Ruanda y el presidente de Burundi se estrelló por razones nunca aclaradas. Todos sus ocupantes murieron. Esto provocó una serie de ataques en represalia contra la minoría tutsi, con el objetivo de frustrar el proceso de paz y de efectuar una limpieza étnica. En las dos semanas subsiguientes, hubo miles de muertos en Kigali. Un gobierno interino fue proclamado el 8 de abril, pero huyó de Kigali estableciéndose en Gitarama, localidad ubicada a 40 kilómetros al sudoeste de la capital. Víctimas de la violencia resultaron la Primer Ministro Agathe Uwilingiyimana y diez soldados belgas, miembros de UNAMIR. Esto llevó a Bélgica a decidir el retiro de su batallón de la Misión. UNAMIR I, imposibilitada de llevar a cabo su mandato original, se vio obligada a procurar un cese de fuego seguido por negociaciones políticas, y a proteger a los civiles en todas las formas posibles, negociando con ambos partidos para lograr el traslado de expatriados, asistiendo evacuaciones, rescatando atrapados en la lucha, y proveyendo asistencia humanitaria a grandes grupos de personas desplazadas que buscaron su protección. El 20 de abril el Secretario General expresó al Consejo de Seguridad que el personal de UNAMIR I "no puede ser expuesto a un riesgo permanente, si no hay posibilidades de que cumplan las tareas para las que fueron enviados". El Secretario General presentó tres alternativas al Consejo de Seguridad: -Reforzar UNAMIR I, para obligar a las fuerzas antagónicas a cesar el fuego, lo cual imponía un cambio de mandato bajo el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas. -Dejar un pequeño grupo encabezado por el Comandante de la Fuerza, para actuar como intermediario entre los contendientes. -Dar por concluida la Misión. La decisión del Consejo de Seguridad se expresó en la Resolución 912, y aceptó la segunda alternativa planteada. Las Naciones Unidas dejarían 270 hombres en el país, se ampliaría el mandato permitiendo a UNAMIR I intermediar entre las partes, ayudar a la reanudación de las actividades de asistencia humanitaria, controlar la situación en el país y velar por la seguridad de los civiles que buscasen refugio en UNAMIR I. Asimismo, recordaba la vigencia de los acuerdos de Arusha. Nuevas olas de masacres tendrían lugar no sólo en Kigali, sino en todo el territorio del país. La situación humanitaria en Ruanda era caótica. Muchas Organizaciones No Gubernamentales cesaron sus actividades y sus miembros abandonaron sus lugares de trabajo o el país. El Departamento de Asuntos Humanitarios estableció la oficina de las Naciones Unidas para la Emergencia en Ruanda; el Programa Alimentario Mundial y UNICEF se sumaban en la coordinación del esfuerzo, en tanto el Secretario General recomendaba la instalación de UNAMIR II, que incluiría 5.000 hombres, con el objeto de proporcionar seguridad y atención humanitaria (salud, alimentación, alojamiento, etc.) a las personas desplazadas. Una gran cantidad de los sobrevivientes a las matanzas fueron desplazados internamente, en tanto más de 1.000.000 salieron a través de las fronteras en un éxodo en el que muchos enfermaron y murieron, sin alcanzar la seguridad buscada. UNOMUR, con sus actividades, proporcionó cierta cobertura legal a UNAMIR I, para extender su accionar en procura de una real vigencia del deseado cese de fuego.
Si bien el Frente Popular de Ruanda (RRF) no enfrentó a los franceses, se opuso fuertemente al desarrollo de esta operación, que en la práctica cubrió la retirada de gran parte de las derrotadas Fuerzas Gubernamentales Ruandesas (hutus). La Resolución 929 autorizó el accionar
de las fuerzas francesas hasta el 21 de agosto del mismo año, pero
la decisión del gobierno francés fue comenzar el repliegue
el 31 de julio.
El Ejército Argentino contribuyó con UNAMIR autorizando el desplazamiento del Teniente Coronel Tomás J. Fox, desplegado en ONUMOZ (Mozambique), para completar su período de servicio en esta misión. Realizó su tarea en UNAMIR II, desde el 22 de noviembre de 1994 hasta el 22 de diciembre de 1995. El Teniente Coronel Fox fue destinado como Comandante de Sector en Cyangugu. Este sector se correspondía con la provincia del mismo nombre, ubicada en el extremo sudoeste de Ruanda, y lindando con Zaire y Burundi. Recostado sobre la margen este del lago Kivu, y naturalmente separado de sus vecinos por la imponente masa forestal de Nyungwe, contaba con un batallón etíope de UNAMIR, que enfrentaba los incidentes provocados por la milicia hutu. Posteriormente, el Teniente Coronel Fox fue designado Comandante de Sector en Gitarama, abarcando las provincias de Gitarama y Kibuye, y finalmente se desempeñó como Jefe del Grupo de Asuntos Humanitarios del Cuartel General, teniendo como jurisdicción a todo el territorio de Ruanda. En este cargo debía atender solicitudes de apoyo referidas a transporte de víveres, materiales de construcción, refugiados, desplazados internos y prisioneros, apoyo a la comunidad especialmente a través de erección de campos de refugiados apoyo sanitario, apoyo a campañas de vacunación, reparación y construcción de puentes y otras actividades afines, en las que se daba prioridad al apoyo a los más desvalidos, los huérfanos, de los cuales había 300.000 registrados en Ruanda, y de ellos 10.000 se alojaban en orfelinatos. En sus tareas compartió diversas actividades con las más importantes de las 160 Organizaciones No Gubernamentales presentes en el país (Caritas, Cruz Roja Internacional, Médicos Sin Fronteras, Médicos en Catástrofe, Médicos del Mundo, Catholic Relief Service, Medicus Mundi y diversas misiones de la Iglesia, como las de las Misioneras de la Caridad de Teresa de Calcuta, y otras). Asimismo, colaboró e intercambió información con UNICEF, Alto Comisionado para los Refugiados, Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, UNESCO, Oficina Internacional de Migraciones, Amnesty International y otras organizaciones comprometidas en este proceso. El diario norteamericano The Boston Globe, con fecha 30 de abril de 1995, bajo el título de "¿Quién mantiene la paz?", hace una serie de reflexiones acerca de la actuación de los Estados Unidos en Somalía, y de la situación general en que las fuerzas de la ONU debían trabajar para poner fin al genocidio y ayudar a la seguridad de un país en ruinas. El periódico informaba: "Lejos de su hogar en Buenos Aires, Argentina, el Teniente Coronel Fox nos mostraba durante una tarde, pocos días atrás, su álbum familiar de fotos. Mientras hojeaba el álbum y hablaba con nuestro corresponsal, tomó su boina azul con el distintivo de la ONU y señaló, a través de una ventana, hacia un orfanato que se encontraba en las cercanías, en el que unos cuantos días antes, milicianos hutus penetraron en él para matar y mutilar a los niños allá alojados. Dijo reflexivamente..."no podemos dejarlos solos", consciente de su rol como constructor de la paz. "No es que nosotros seamos mejores que ellos, es que aquí la situación es muy inestable. Si nosotros estamos tratando de construir un nuevo mundo, un mundo para todos, entonces tenemos muchas cosas para realizar en lugares como éste". |
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